Lunes 8 de Marzo de 2010 Agencia CRÍTICA
Intercambio de pareja

Parece que el intercambio de parejas está de moda. Incluso existen clubes sociales que facilitan este tipo de encuentros. Te has decidido a hacerlo, pero te invaden algunas preguntas: ¿puede poner en peligro tu relación? ¿es buena forma de salir de la rutina sexual? ¿cómo hacerlo y dónde?

El intercambio de parejas es una forma de salir de la rutina sexual y de contener la infidelidad, los celos y las reacciones desairadas de la víctima de esa infidelidad. Al intercambiarse las parejas de mutuo acuerdo se controlan todas esas variables y los celos, la sensación de engaño y de despecho o los deseos de revancha no tienen lugar. Ese es el fundamento de este tipo de práctica sexual.

El intercambio de parejas se está extendiendo bastante en nuestros tiempos. De hecho, en la actualidad existen clubes de intercambios, donde las parejas pueden acudir para satisfacer sus deseos, en lugar de buscarse otras parejas de un modo más solitario, difícil y arriesgado.

VENTAJAS
El intercambio de parejas tiene como aliciente, que los cuatros implicados se encuentran en idéntica situación respecto a los 'cuernos': se relacionan con una persona comprometida, que no tiene por qué sentirse ofendida porque está haciendo lo mismo con la otra parte; la cuál, a su vez, carece de motivos para molestarse porque corresponde a su pareja con la misma moneda.
En este sentido, el intercambio de parejas no ofrece más que ventajas para quienes consideran que la introducción de terceras y cuartas personas puede romper su monotonía sexual. El intercambio de parejas puede ser muy excitante para sus adeptos. Sin embargo, el intercambio de parejas es no está exenta de que la repetición ocasione hastío al repetirlos una vez y otra.

LA REGLA DE ORO
Los intercambios de pareja deben realizarse siempre de mutuo acuerdo, con los cuatro implicados interesados en la experiencia. Esta es la regla básica para que todo funcione.

DESVENTAJAS
El problema que se puede plantear en este tipo de experiencias es que uno de los miembros de la pareja no sea tan proclive al intercambio como el otro, y lo haga un tanto forzado por las circunstancias, para conservar la relación. En tales casos, no disfrutará tanto de los intercambios y terminará rompiendo la relación o sufriendo.
Lo más frecuente es que sean ellas las arrastradas por sus esposos a este tipo de experiencias. De ahí que antes de lanzarse a este tipo de relaciones una no debe albergar ninguna duda de que lo desea de verdad. En caso contrario, la idea de evitar la ruptura, consintiendo, se vuelve en contra y termina por lograr lo que se deseaba evitar.

Otro de los problemas posibles en el intercambio de parejas es que este tipo de encuentros no siempre está exento de celos. Puede suceder que uno de los cónyuges compruebe que el otro tiene más éxito que él mismo y se muestre hostil por ello; sobre todo si fue él quien propuso el intercambio.

Hay que tener un verdadero convencimiento inicial de sus dos miembro de que eso es lo que quieren hacer
Reglas básicas
Por todo lo comentado, como regla básica para mantener este tipo de intercambios hay que mantener una conversación previa con la pareja, y tener un verdadero convencimiento inicial de sus dos miembro de que eso es lo que quieren hacer.
Cuando uno de ellos cede al ofrecimiento, en lugar de adherirse a él con entusiasmo, las cosas no van por buen camino y conviene explorar otras fuentes de estímulos extras para romper la monotonía.
Si uno de ellos es un poco celoso, tiene que tener cuidado porque el intercambio de parejas no es una vacuna contra los celos; aunque teóricamente lo parezca.

Recuerda que no todas las parejas se pueden permitir este tipo de experiencias. Para algunas puede ser su salvación, pero para otras tienen un potencial de destrucción muy importante.

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