Jueves 01 de Julio del 2010 Agencia CRÍTICA
LOS FRENTES DE GUERRA

En el Congreso de Jalisco se abrieron tres frentes de confrontación política. La guerra es interna de la Legislatura con el tema laboral, externa con el gobernador González Márquez por las presiones presupuestales que enfrentan como Poder Legislativo y que les condiciona y el tercer frente es institucional por el desaseo que les dejaron.

La punta del iceberg se asoma en ese negro mar con la compra del edificio Banamex de Juárez y Corona.

En el periodo 2007-2010 de la LVIII Legislatura existían tres poderes. Uno el de Jorge Alberto Salinas Osornio, coordinador de la mayoría parlamentaria del PAN; la del secretario general del Congreso Alfredo Argüelles Basave y la de Jorge Arana Arana, del PRI, como presidente de la Comisión de Administración.

Por ahí, en esos canales circulaban las redes del poder y de los dineros.

El 21 de octubre del 2008 se paró en la tribuna del pleno legislativo un enojadísimo Jorge Arana, porque los diputados habían votado que rindiera un informe sobre el presupuesto del 2009 que había sido aprobado en fast track en una de esas acostumbradas sesiones de madruguete.

Los 13 diputados del PRI (con Jorge Arana incluido), coordinados en ese tiempo por Juan Carlos Castellanos protestaron ese presupuesto elaborado por el presidente de la Comisión de Administración y que si bien contaba con las firmas de los otros integrantes vocales de la comisión, en el fondo no era tan cierto de que diputados como Alfredo Zárate, del PT, o Luis Manuel Vélez Fragoso, del PVEM, por citar algunos que firmaron las actas estuvieran ciertos y enterados de lo que firmaban. La aceitada que recibieron para su cooperación corría por sus venas y se veía como fluía cada que levantaban la mano para votar con el PAN.

Por supuesto que Jorge Arana nunca le informó a su coordinador Juan Carlos Castellanos de ese presupuesto y fue éste quien solicitó que el presidente de la Comisión de Administración, Arana, presentara un informe ante el pleno.

El acuerdo lo logró Castellanos porque Jorge Salinas accedió. Lo bien planchado no se desarrugaba pronto.

Ese 21 de octubre del 2008 Jorge Arana rindió el informe, con cara de enojado y en ánimo regañador. Le dijo niños de primaria a sus colegas, pero ahí en un enrevesado cuento de cientos de millones de pesos asentó y quedó constancia en el Diario de los Debates que fueron 80 millones de pesos lo que se destinaron para la compra y remodelación del Banamex.

Hoy se entiende que el órgano técnico de la Unidad de Vigilancia y Control diseñado en la entonces recién aprobada Ley de Fiscalización no arrancara hasta esta legislatura nueva, la LIX y que ese dinero presupuestado se desapareciera en las entrañas de un edificio mal arreglado e inconcluso a dos años de que se comprara.

Ahí empieza la hebra, una hebra que también tiene que jalar el ex diputado Jorge Villanueva, quien suplió en la presidencia de la Comisión de Administración a Jorge Arana cuando éste se fue en septiembre del 2009 a una curul federal. Villanueva no exigió cuentas y al menos por omisión ya está enjabonado de lo mismo.

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